Información

  • Género:Fantasía
  • Director:David Benioff y D. B. Weiss
  • Reparto:Iain Glen, Peter Dinklage, Emilia Clarke, Kit Harington, Sophie Turner, Maisie Williams, Nikolaj Coster-Waldau, Alfie Allen, Aidan Gillen

Juego de Tronos – Séptima Temporada: Review

Película

Juego de Tronos – Séptima Temporada: Review

Dejarse llevar por los dragones y la guerra, y no por su esencia.

Todavía no he subido una crítica del resto de temporadas al blog, y lo más probable es que no lo haga. Al menos, no temporada por temporada: puede que suba mi opinión sobre la serie hasta la sexta, que para mí ha sido una cadena de brillantez irrompible, con el tiempo.

Hoy, sin embargo, ha llegado el final de la séptima temporada de “Juego de Tronos”. He decidido que sería interesante plasmar qué me ha parecido en líneas, para que vosotros me leáis y para que yo mismo me aclare. Van a haber spoilers, podéis contar con ellos, porque no veo de qué otro modo puedo hablar de esta superproducción. Así que si no habéis visto la temporada entera, y no queréis sufrir destripes argumentales, os aconsejo que cerréis mi artículo hasta que finalicéis.

Siempre he defendido la brillantez de ésta serie por un motivo muy concreto: durante seis temporadas, ha sido capaz de tomar un género muy explotado como el de la fantasía y crear algo enteramente nuevo. Viendo “Juego de Tronos”, he visto la diferencia y la novedad que aportaba. No es “La Princesa Prometida”, no es “El Laberinto”, no es “El Señor de los Anillos”, “Warcraft”, “Excalibur” o un sinfín más de películas fantásticas; es algo enteramente distinto.

“Juego de Tronos” tiene una firma muy particular y personal; sabe hacerse respetar y diferenciarse por distintos motivos. Entre ellos, está la ventaja que se procura con el diálogo. Calculando por encima, un 90% de la serie es conversación: “Juego de Tronos” no habla únicamente de dragones, de Dioses y de un mundo irreal. No; “Juego de Tronos” mezcla realidad con ficción. Utiliza un entorno medieval, una polémica política y un acercamiento profundo y coherente a sus personajes. Y por si fuera poco, utiliza la sexualidad en casi todas sus ocasiones para enriquecer su historia. No soy un particular fan de los desnudos en el cine, pero aquí, la gran mayoría están justificados.

Resumiendo, y para no aburriros, “Juego de Tronos” ha sido un balance de seis temporadas muy brillante: ha sabido llevar un ritmo impresionante, marcas nuevas tramas y presentar nuevos personajes con el paso de los años. Y entonces, sólo entonces, llegó ésta séptima temporada.

No quiero dramatizar ni poneros en un compromiso: ¿es buena? Sí, en especial visualmente. Tiene momentos clave, muy bien realizados y filmados: el logrado de los dragones, del fuego y la batalla es magnífico. He notado que la serie se sirve menos de la cámara para presentar emociones humanas, pero esto ha sido a un nivel enteramente global.

A pesar de que me parezca una temporada muy competente, tengo que decir que me ha bajado mucho el listón. He leído críticas y le echan la culpa a la duración: antes eran diez capítulos por temporada, y en esta ocasión han sido sólo siete. En lo personal, dudo que éste sea el fallo. Pienso que el fallo está en el guión, en qué quieren enseñarnos y en qué se ahorran. Antes, un viaje de un punto “x” a un punto “y” podía llevar toda la temporada; ahora, sucede en un mismo episodio (el ejemplo de Euron Greyjoy). Todo se ha agilizado y explotado: mucha acción, mucha fantasía, mucha sangre y mucho fuego, y no me disgusta salvo por el hecho de que hay demasiada.

Para mí, ésto no es “Juego de Tronos”: la serie trataba de las personas, como lo hacía también “The Walking Dead”, y por eso precisamente se diferenciaba a las demás obras del género post-apocalíptico. La política y la labia eran los principales temas tratados en sus episodios. Eso, señoras y señores, se ha terminado… salvo por unos momentos clave y muy bien filmados; entre otros, la muerte de Olenna Tyrell y de Meñique en este último episodio.

Meñique es mi principal problema: un personaje que ha sabido labrarse respeto a lo largo de seis temporadas; un personaje que al final de la sexta, reconocía por fin sus verdaderas ambiciones: hacerse con el Trono de Hierro. Y al final, ¿qué le queda? Nada. El principio en sí no me disgusta, porque algo similar sucedió con Stannis Baratheon (el segundo mejor logro de la serie bajo mi perspectiva), y la escena de su ejecución a manos de Arya Stark, y ordenada por su hermana Sansa, me parece brillante. Me encanta cómo Meñique intenta varias estratagemas para librarse de la pena de muerte, y cómo termina arrodillándose desesperado por vivir. Lo que no me encanta es que Bran Stark desvele qué sucedió exactamente en la sala del trono donde Petyr Baelish traicionó a Ned Stark sin que nadie dude de sus palabras (ya que él es el único que lo ha visto), y de qué forma se ha llegado a este cierre del personaje; es decir, el desarrollo de Sansa, Arya, Bran y Meñique a lo largo de la temporada.

No he notado la profundidad en personajes y en historias que antaño; he notado muchas prisas por cerrar tramas, muchas ganas de crear un espectáculo audiovisual impresionante para la pequeña pantalla… pero no he sentido que estuviera viendo el verdadero “Juego de Tronos”. Tal vez soy yo y me esté excediendo con mi opinión, pero ésto es un artículo personal y estoy en mi derecho de pensar y sentir libremente sin ofender a nadie.

La serie ha perdido en coherencia, y ha caído en lo que ha estado luchando con fervor y eficacia todo éste tiempo: el cliché. El resurgir de los Stark, lo lista que Sansa es después de todo su desarrollo, el origen de Jon Snow (Targaryen) y su relación amorosa con Daenerys, e inclusive la agilidad del guión… Todo apunta, al menos para mí, hacia el cliché y las ganas de crear un espectáculo audiovisual, y uno una historia que enamore y te haga empatizar.

Tampoco tengo mucho más que decir. La octava temporada que concluirá con la serie no me termina de motivar después de esta séptima. Creo que tenía las expectativas demasiado altas con qué harían después de haber estado a un nivel tan sumamente alto e imposible de mejorar durante sesenta episodios, pero ahora tengo claro que no todas las obras pueden ser brillantes en su totalidad. No lo sé: a lo mejor habría aprovechado mejor el pasado, el presente y el futuro de Meñique; a lo mejor habría jugado más con el espectador poniéndolo a él y a Varys como la verdadera canción de “Hielo y Fuego”. A lo mejor habría salido mejor, o peor; no lo sé. En cualquier caso, tengo la certeza de que ésta temporada no es ni de lejos lo más brillante que ha sacado a relucir “Juego de Tronos”.

  • 7/10